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En el mundo de la construcción la palabra «Amianto» es reconocida a la vez que temida. Para la gente de a pie, es más fácil asociarla con el nombre de uralita, se trata de un material muy utilizado en la construcción entre los años 60 y 70 y que está resultando el culpable de causar cáncer a nuestra sociedad.

Hoy en día es complicado escuchar hablar de él, si no es para hacer referencia a una mala praxis en el sector de la construcción de años atrás, donde este material de extraordinaria resistencia a la tensión, escasa termo conductividad y relativa resistencia al ataque químico se coronó como la opción más recurrente.

El problema recae en que, el amianto está compuesto por microfibras las cuales se desprenden con mucha facilidad, esto comporta un peligro para las personas, puesto que al respirarlas se acumulan en las vías respiratorias y pueden provocar a la larga varios tipos de cáncer, de pulmón, laringe y de ovario, o asbestosis (fibrosis de los pulmones).

Antes de conocer los efectos que tenía este material para la salud, fue utilizado en masa por todo el país y actualmente se estima que existen de 8.000 a 32.000 toneladas de aplicaciones con amianto. En estructuras del edificio, garajes, incluso en falsos techos, donde se ha calculado que pueden haber unos 100.000 m2 que contienen amianto (aproximadamente un 5% de oficinas).

Fue en 2002 cuando se prohibió la utilización del material, pero hasta la fecha, ha resultado imposible ubicar todas las construcciones que clo contienen, si es cierto que hay una serie de perfiles con más riesgo:

· Edificios de más de 5 plantas.
· Construidos entre los años 1965 y 1985
·Estructuralmente metálicos
·De utilización pública

Aun así, hay que destacar que las fibras de amianto acostumbran a mantenerse estables si el material se encuentra en buen estado, así que en condiciones normales, es complicado vernos expuestos a un nivel perjudicial para la salud.

Lo que recomendamos en Coasa, es llevar a cabo un estudio previo a la realización de las obras si hay sospecha que pueda contener amianto, de esta forma se puede establecer el protocolo de actuación necesario para evitar el riesgo de propagación de las fibras y por tanto, daños para las personas.

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